domingo, 3 de agosto de 2008

Amores Celestiales



Hace mucho tiempo... cuando ella aun era una adolescente, me encontró en sus sueños en ese momento no comprendería como, pero me vio y por alguna razón, se enamoró de mi.

En aquellos tiempos tenía apenas 177 años y hasta cumplir los 180 cuando terminábamos el entrenamiento y asignación, nos era posible verles, hacían miles de años que ningún ángel había sido visto por un humano, ella, en sus sueños más profundos me vio, en ese entonces, nunca había visto un humano y aunque también la vi en mis sueños, nunca relacioné aquel ser con ella.



Ocho años después nos encontraríamos en sueños, no dejaba de pensar en como sería mi alma asignada, sería en realidad ella o todo sería una fantasía , sabía a la perfección que nunca le sería posible verme, pero cuando me di cuenta que era la misma musa de mis sueños quedé anonadado.


-¿Como habíamos logrado vernos?- , -¿Sería nuestro destino?- Era hermosa, no podía dejar de pensar en ella, ni tampoco quería dejar de hacerlo.


De alguna manera logreé deseternizar mis pensamientos, mi cuerpo y reconocer mi anima mortal, al salir de la forma etérea, me sentí liviano y mis alas había desaparecido comencé a respirar naturalmente y hasta escuche el latido de mi corazón, con una sonrisa en la cara, me reconoció inmediatamente y ambos nos sentimos apabullados, llenos de regocijo de por fin habernos conocido y en ese mismo momento supe lo que significa vivir, amar... supe también que mis acciones serían castigadas y que todo sería diferente ... y así fue.



Dicen que los ángeles no debemos de relacionarnos con los humanos de manera directa y que jamás deben vernos, soñarnos o sentirnos.


Esperando mi castigo divino no dejaba de pensar en ella, ahí supe que estaba enamorado, supe también que podría arriesgarlo todo, que mi forma celestial era ahora una carga y que debía volver a ella.


Sin miedo fui condenado al éxodo eterno, me habían desterrado del paraíso. Sin miedo regrese al mundo de la carne y el aroma perpetuo, la busqué, y al encontrarla, le advertí que de besar mis labios moriría conmigo, sin dudarlo ella me beso…fue el beso más tierno y hermoso que jamás se podrá dar, fue sutil y lleno de amor, lleno de pasión y envuelto en una tibia locura que se aferraba a mi piel mientras se me encrespaba la piel.


Al abrir los ojos nos encontramos ya en una especie de majestuosa infinidad, un limbo sin principio ni fin, una condena eterna. Los ángeles caídos no eran aceptados en reino alguno, eso no me importaba, todo lo que pensaba es que ella había venido conmigo.

Para mi no hay mejor regalo que su presencia y así, flotando seguiremos amándonos en esta magnificente eternidad , juntos al fin, amándonos... sin necesidad de alas, sin tiempo, sin inicio y mucho menos un fin.



FIN